Soluciones micro para problemas Macro
Por Alonso Ortiz
Septiembre 2009
Es difícil no leer en las noticias actuales la reciente asociación entre el empresario más influyente de México y el padre de las microfinanzas para otorgar microcréditos en México. Es poco sabido que algunos años antes, el economista y fundador de Global Microfranchise Accelarator, Kirk Magleby, ya había dado a conocer diez razones por las cuales los microcréditos nunca solucionarían la pobreza mundial.
“¿Son los microcréditos vitales? Sí. Constituyen el primer peldaño en la escalera del desarrollo. Mitigar la pobreza en una comunidad o nación, también, necesita el segundo, tercero y cuarto peldaño de la escalera”, escribía Magleby. Pero, ¿cuáles son esos eslabones necesarios para atacar integralmente la pobreza en México?
El 97% de las empresas en México son MiPyMEs. Muchas de ellas operan en la economía informal, son administradas por auto-empleados que carecen de capacitación y por consecuencia, están destinadas a permanecer estáticas. En zonas rurales, los microcréditos se otorgan a grupos de mujeres ya que se ha probado que las mujeres son más cuidadosas con el dinero, aunque Magleby dice que los hombres tienden a crear proyectos de mayor escala y con mayor potencial de crecimiento. En las urbes, el mercado ideal para los microcréditos son pequeños negocios familiares –las famosas “tienditas”- que tienen una diferenciación mínima, polvosos inventarios y márgenes de utilidad muy bajos. En promedio, una papelería tradicional genera alrededor de $300 pesos al día, de los cuales tan sólo la mitad del dinero representa una ganancia. Tanto esfuerzo reducido a poco menos de tres salarios mínimos para sostener a una familia. Y eso, en el mejor de los casos.
Por otro lado, las franquicias han probado tener una plétora de beneficios macro-económicos, incluyendo un control adecuado de precios, innovación que asegure la competitividad en condiciones de mercado adversas, así como una diseminación de mejores prácticas, capacitación y empleo. La Asociación Mexicana de Franquicias (AMF) reporta que el 95% de los negocios operados bajo este sistema sobreviven por lo menos cinco años y el 98% de estos, llegan a cumplir 15 años de operación a diferencia del modelo tradicional. Tan sólo en 2008, el sector creció 19% según la revista Expansión.
Existen aproximadamente 800 franquicias a nivel nacional en rubros muy diversos. Según estadísticas de la AMF, la mitad de las franquicias tienen un rango de inversión de entre $100,000 y $1,000,000 de pesos. Los apoyos brindados por gobierno a posibles franquiciatarios son escasos y requieren mucha documentación y respaldo. Si las franquicias sólo son accesibles a individuos de una condición socioeconómica media o alta, ¿cómo replicar este exitoso modelo de una manera que beneficie a aquellos sin las herramientas necesarias para innovar?
“Es hora de aprovechar los poderes de la franquicia como modelo de negocio para desatar el poder latente del desarrollo sustentable que aguarda dormido a lo largo de las naciones en desarrollo”, escribía Magleby. Las microfranquicias ya son una realidad y están tomando fuerza: kioscos que ofrecen celulares, recargas y tiempo aire en Bangladesh, venta de productos de limpieza, así como medicamentos contra la malaria en Uganda, son algunos ejemplos. Es urgente replicar modelos exitosos de negocio en los sectores más vulnerables.
En realidad, Magleby no sataniza los microcréditos. Simplemente los ve como un escalón más en un plan integral contra la pobreza. Los microcréditos, otorgados para arrancar microfranquicias (aplicados de una manera ética) pueden constituir la respuesta para los más de cuatro mil millones de habitantes que conforman la base de la pirámide. Son tantas las posibilidades de innovación que ofrece este sector, que quizá en algunos años sea una realidad ver en localidades como Ixmiquilpan un carrito móvil vendiendo hamburguesas debajo de arcos dorados…



oct 1, 2009
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